iPod classic 80 Gb

iPod classicSeguimos con la serie de artículos prometidos sobre los distintos aparatos que están pasando por mis manos y sobre los cuales tengo la oportunidad de experimentar y analizar. En esta ocasión voy a hablaros del iPod classic, la sexta generación de este reproductor que ha marcado un antes y un después en el mundo multimedia portátil. Poneos cómodos, que me ha salido un artículo más extenso de lo que pretendía, aunque espero que sea de vuestro agrado.

Hará cosa de un par de años empecé a pensar en la posibilidad de amenizar mis viajes de ida y vuelta al trabajo con algo más que con la música y la radio que me proporcionaba mi ya obsoleto Iriver IFP-180T de 128 Mb, el cual todavía conservo y me resisto a deshacerme de él, pues además de ser el primero que tuve, goza de una calidad de audio que ya la quisieran para ellos muchos reproductores sofisticados de hoy día. Como decía, me planteé que sería bueno poder aprovechar estos trayectos para, ya no sólo escuchar música, sino para incluso ver alguna película o capítulos de esas series que me tienen enganchado. Con la impulsividad que me caracteriza, apunté alto y me hice con un Archos Gmini 402, que acababa de salir al mercado sustituyendo al Gmini 400, un afamado reproductor multimedia portátil que contaba con un disco de 20 Gb, lo cual era suficiente para mis pretensiones ya que podía hacer lo que quería. Era una pequeña maravilla.

No mucho después de comprar el Gmini 402 empecé a husmear por la web de Apple y a leer sobre las virtudes del iPod, que en ese momento iba por la quinta generación. Incluso pregunté en comercios especializados sobre las ventajas e inconvenientes entre el iPod y otros reproductores, y llegué a la conclusión de que, tanto por precio (el iPod era bastante caro entonces) como por prestaciones, no merecía la pena que cambiara mi reproductor Archos, cuya única desventaja frente al iPod era su capacidad de disco, 20 Gb frente a los 40 Gb del modelo más bajo de iPod. El hecho de tener que convertir todos los vídeos para poder visualizarlos en el reproductor de Apple era el mayor inconveniente, seguido de la dependencia del programa iTunes para la gestión de los archivos de vídeo y música. Mi Archos se comportaba como un disco duro USB al que podía copiar directamente películas y música que posteriormente podía reproducir sin problemas y sin tener que pasar por ningún programa del tipo iTunes ni nada parecido.

Pero aunque me quedé tranquilo con mi inversión, pasó el tiempo y como era de esperar en alguien tan aficcionado a los aparatitos como yo, la cosa no quedó ahí. Cuando hace cosa de unos meses la batería de mi Archos empezó a perder capacidad, y además los 20 Gb de alguna forma se me empezaron a antojar caprichosamente insuficientes, volvió a mi cabeza la palabra mágica: iPod. El resultado fue, para empezar, una serie de nuevas visitas a la web de Apple y un estudio de las características del recién presentado iPod classic de sexta generación, cuyo precio había bajado considerablemente y la capacidad de su disco duro, en la versión más baja, era de 80 Gb. Eso era otra cosa. Seguían los inconvenientes de antes: la necesaria conversión de los vídeos y la dependencia de iTunes, pero dadas las circunstancias, eran inconvenientes a los que empecé a no darles tanta importancia, sobre todo después de ver otras opciones en el mercado que estaban bastante lejos en cuanto a la capacidad y características que ofrecía el iPod. En concreto estaba el Creative Zen Vision:M, que tenía un disco de 60 Gb a un precio algo superior, pero que Creative había dejado de fabricar. Los nuevos Zen habían salido, y el de mayor capacidad tenía 16 Gb a un precio muy similar al del iPod con 80 Gb.

Finalmente y tras pensármelo mucho (siempre me pasa lo mismo cuando voy a comprar un cacharro, que entre los remordimientos y la decisión de si es acertada y conveniente su compra, estoy como una hora de reloj en la tienda hasta que me decido), finalmente cayó el iPod… Durante el viaje a casa tenía un cruce de sensaciones extraño: por una parte estaba contento porque el aparato en sí era una pasada y tenía una pinta increíble, empezando por la misma caja. En el otro lado estaba mi miedo y desconfianza por esos inconvenientes que había comentado antes, y me asaltaba la sensación de incomodidad que suponía tener que estar convirtiendo absolutamente todos los vídeos para poder verlos en mi nuevo reproductor de Apple.

Cuando llegué a casa, he de decir que ya tenía la mitad del “camino de iniciación al iPod” hecho (me faltaba la parte práctica, jeje), pues días atrás, cuando ya vislumbraba de cerca la inminente compra, hice acopio de información y programas que harían el uso del iPod más “amable”, y sin tantos inconvenientes como a priori pensaba que tenía. En concreto, había leído mucho sobre trucos, distinta información y opiniones de usuarios, y además tenía preparados algunos programas de conversión de vídeo, y otros que permitían la copia de contenidos del iPod al ordenador, cosa que nativamente Apple no permite realizar por los motivos de siempre: los malditos derechos de autor, DRM y demás absurdeces similares, que están llevando el tema de los derechos de autor hasta el colmo de lo absurdo, como es el caso.

La sensación de ponerlo en marcha es para mí indescriptible. No sé qué tienen los productos de Apple, pero cada vez que he desembalado uno me ha asaltado una sensación “mística” de tener en las manos un producto único en cuanto a calidad y diseño. Esa sensación se acentúa cuando lo pongo en marcha por primera vez, y en el caso del iPod, pude ver cómo se encendía la pantalla, cuya calidad y luminosidad estaba fuera de todo lo conocido por mí hasta ahora. Era realmente impresionante ver como algo tan pequeño podía verse tan bien. Después de la impresión inicial en cuanto a la calidad de imagen, vino la experiencia del manejo de la rueda táctil, que una vez más me dejó con la boca abierta: la facilidad y precisión con las que podía navegar entre los distintos menús era increíble. La combinación de este interfaz junto con la calidad de visión era una experiencia única y distinta que me producía la impresión de que en mis manos tenía algo muy grande comprimido en un aparatito pequeño. Después de esta inicial y peculiar toma de contacto, me puse manos a la obra con lo realmente importante: cargarlo de contenidos.

Para ser sincero, la gestión de la biblioteca musical en iTunes es algo que no acaba de convencerme del todo, porque para mí es fácil hacerme un lío en cuanto a la organización de mi música. Es cierto que creé listas de reproducción y que iba clasificando mi música introduciéndola en ellas, pero siempre quedan canciones “colgadas” que en un principio no sabes en qué lista meter, y que quedan camufladas entre la lista de todas las canciones que aparecen en la sección “Música”, la cual contiene absolutamente todas tus canciones y vídeos musicales, independientemente de si las tienes asignadas a una lista de reproducción o no. Localizar estas canciones que no están en ninguna lista puede ser complicado. Es algo que nunca me ha gustado de iTunes. Pero sin tener en cuenta este inconveniente, y después de sincronizar la música con el iPod, es una verdadera maravilla ver cómo el interfaz del iPod es un derroche de diseño y visualización. Ver el CoverFlow en marcha (cómo van pasando las carátulas de los álbumes conforme se va deslizando el dedo por la rueda) es todo un espectáculo, y todas las opciones y controles disponibles durante la audición son inmejorables, ya que, además de poder avanzar y retroceder la reproducción, es posible asignar puntuaciones e incluso visualizar las letras de las canciones, si es que la canción la tiene incluída en las etiquetas ID3. Además, es posible navegar por todo el menú mientras se escucha un archivo de audio, y acceder a los extras, configuraciones, al CoverFlow, etc. En cuanto a la calidad de audio, decir que volví a escuchar música con la calidad que descubrí con mi viejo Iriver y que eché de menos en el Archos. Insuperable, sobre todo después de comprarme los auriculares AKG K324-P de tipo botón que adquirí toda vez que los que vienen con el iPod no me acabaran de convencer.

En cuanto a lo que para mí era más importante y que a la vez me tenía más preocupado, la introducción de vídeos y películas, la cosa se tornó gratamente menos tediosa de lo que en un principio parecía, llegando a descubrir que realmente la cuestión es acostumbrarse a una rutina que ha acabado formando parta de mi “vida informática” sin llegar a notar realmente esa incomodidad a la que en un principio tenía tanto miedo. Y es que, tras el paso inicial de dejar el ordenador encendido y convirtiendo vídeos durante un par de días, lo cierto es que después de llenar el iPod, el único trabajo que queda es ir convirtiendo los archivos nuevos que vayamos teniendo. En mi caso podríamos hablar de dos o tres capítulos de distintas series a la semana más alguna película nueva, que suponen en total unas 4 ó 5 horas de conversión, trabajo que el ordenador se encarga de hacer mientras duermo o mientras estoy en el trabajo, por lo que cuando llego a casa tengo el vídeo convertido y preparado para copiar al iPod. Una vez encontrada la aplicación que se ajuste a nuestras necesidades, el resto del trabajo es realmente transparente. De entre todos los programas de conversión para iPod, el Ultra iPod Video Converter ha sido y sigue siendo para mí la mejor herramienta para convertir mis vídeos, haciendo rentable su compra que, por otra parte no supone un gran desembolso económico y sí que proporciona una gran comodidad y opciones a la hora de hacer este tipo de conversiones frente a otras herramientas gratuítas que he tenido la oportunidad de probar. En definitiva, el principal inconveniente que veía en el iPod ha resultado no ser tan fiero como pensaba, pasando de ser un problema a lo que realmente es: una adaptación a una metodología de trabajo, nada difícil de llevar a cabo para el día a día en el uso de un iPod.

Salvados estos prejuicios, he de decir que he descubierto con el iPod otros mundos que no me había dado por explorar y que me han sorprendido muy gratamente. Como ejemplo diré que la opción de escuchar audiolibros era algo que ni me planteaba usar en un principio, pero después de pensar que ya que tenía la opción podía probar la experiencia, al final me ha gustado tanto que actualmente estoy escuchando un libro y tengo preparados otros cuatro. Además, el tema de los podcasts merece mención aparte: no conocía este mundo y desde que tengo el iPod me he aficcionado de tal forma, que ahora mismo la música y los vídeos están en un segundo plano, y paso todo el día escuchando los distintos programas a los que me he suscrito a través de iTunes, y que casi podría decir que me falta tiempo para escucharlos todos. Es realmente una maravilla encontrar grabaciones de radio, de usuarios, noticias, y todo tipo de emisiones de temática variada que se pueden encontrar y descargar para escuchar cuando mejor nos convenga. Ya sé que esto no es exclusivo para los iPod, y que existen aplicaciones que pueden gestionar suscripciones a estos podcasts y que se pueden cargar en otros dispositivos, incluso en teléfonos móviles, pero a mí particularmente no me había dado por ponerme una tarde y dedicarme a investigarlo. La oportunidad de hacerlo me vino rodada desde que tengo el iPod, y ¡vaya si lo descubrí!

Por lo demás, no echo de menos el hecho de que no tenga radio (¡gracias a los podcasts!), que era otro inconveniente menor que veía, aunque hay disponible a la venta un accesorio que le añade esta funcionalidad, que hoy por hoy no es totalmente compatible con los iPod de sexta generación, ya que al parecer las emisiones no se oyen en estéreo, sino en mono. A día de hoy no se sabe si Apple va a solucionarlo. Otra función que tiene, la visualización de fotos, cumple perfectamente con su cometido de la forma tan visual y bonita a la que me tiene acostumbrado el interfaz. En lo referente a otros accesorios, decir que el conector para enchufar por USB la cámara fotográfica al iPod y poder descargarse en él las fotos de la tarjeta de memoria, tampoco es compatible con esta última generación, cosa que no entiendo del todo. Apple está entrando en una política algo rara con estos detalles tan feos, en mi humilde entender.

Comentaré también sobre el cable para conectar a la televisión, del cual hay dos versiones: una, la antigua, es un cable que por un extremo se conectaba en la salida de los auriculares y por el otro extremo a las entradas de vídeo y audio de la televisión o del amplificador home cinema. Pero este cable tampoco es compatible con esta última generación. El compatible es el nuevo cable que se conecta en el conector de sincronización del iPod, que es automáticamente detectado y cuando se reproduce un vídeo con este cable conectado, lo envía directamente a través de él hasta la televisión a la que lo hayamos conectado, en vez de en la pantalla del propio iPod. Este cable es bastante más caro, aunque viene también con un adaptador de corriente para cargar el iPod desde un enchufe convencional.

Por último, algo que me dejó mal sabor de boca fue la base de sincronización, otro accesorio a la venta por separado, que viene con un mando a distancia para manejar el iPod cuando se conecta a la misma. Pero este mando a distancia no sirve para manejar el menú del iPod, sino únicamente para subir y bajar el volumen, pausar la reproducción y saltar hacia adelante y atrás. Para seleccionar la reproducción de otro vídeo o archivo multimedia, hay que levantarse del sofá y seleccionarlo con la rueda de control del mismo reproductor. No sé por qué razón Apple no ha dado funcionalidad completa para el control a distancia del iPod a través de este mando, que se vende precisamente con su base para este menester. Me he sentido engañado con este accesorio, y cada vez que lo pienso no puedo evitar sentirme molesto con lo que considero una tomadura de pelo por parte de Apple hacia los usuarios. Otra vez no entiendo esta política tan austera, teniendo en cuenta la calidad a la que nos tiene acostumbrados.

En conclusión, aún con estos últimos detalles desconcertantes sobre los que intercambiaría unas palabras con algún responsable de Apple, no me arrepiento de ninguna manera de haber comprado este fabuloso reproductor porque realmente merece la pena, más aún ahora que Apple ha decidido bajar su precio, y que por 239 Eur tenemos un reproductor multimedia con un disco duro de 80 Gb. ¿Quién da más?

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  1. #1 by oking on 28 Julio 2008 - 21:44

    hola me gustaria comprar un ipod classic 80gb y no se si es de 5 o 6 generacion y en que se diferencian y donde? como se puede saber la generacion?
    gracias.

  2. #2 by ivan on 7 Agosto 2008 - 10:09

    Hola: gracias por tu análisis sobre el iPod classic. Acabo de adquirir uno y tu opinión me hace pensar que no me he equivocado. Una de las cosas que no me gusta de los iPod es el hecho de tener que utilizar iTunes para copiar música desde el PC. Con lo fácil que es en otros MP3 pasarla directamente desde el explorador de Windows. ¿Sabes si hay alguna utilidad que permita copiar las canciones y los videos del PC al iPod directamente (y que luego se puedan escuchar y ver)? he leido por ahí que algunas herramientas te eprmiten copiar los archivos sin iTunes pero que luego el iPod no los reproduce.
    Un saludo

  3. #3 by LiOnz on 7 Agosto 2008 - 12:47

    oking, la generación la marca el tipo de modelo de ipod. El classic es la 6ª generación, mientras que el ipod video, del que hay 2 revisiones menores, son los llamados de 5ª y de 5,5ª generación, por ponerte un ejemplo.

  4. #4 by LiOnz on 7 Agosto 2008 - 12:50

    ivan, te aseguro que es un placer y satisfacción personal que mi artículo te sirviera de algo, aunque fuera de poco. Mi intención desde este humilde sitio no es otra que aportar mi humilde experiencia por si puede servir a alguien.

    Con respecto a tu pregunta, busca en este mismo blog unos artículos que escribí (tres) sobre “Aplicaciones recomendadas para iPod”, y ya me cuentas si te ha servido o no. Si no ves nada que te sirva, dímelo y te ayudo a buscar la aplicación que necesitas.

    Saludos.

  5. #5 by ivan on 7 Agosto 2008 - 14:23

    Hola, LiOnz:

    justamente eso he hecho hace un rato! ;) he localizado un par de aplicaciones de las que comentabas que creo me pueden servir. Todavía no he recibido el iPod, así que en cuanto lo tenga las pruebo.

    Un saludo y gracias!

(No será publicado)

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    Nombre: David

    Apasionado tecnológico, en contacto con ordenadores desde 1989, por trabajo y afición.

    Dispositivos electrónicos, informática, fotografía y diseño digital, son pasiones de toda la vida que le han llevado a probar una gran variedad de productos tecnológicos de consumo.

    Curiosidad, ilusión y espíritu crítico son constantes que aplica en todos los aspectos de su vida, incluído este proyecto: LiOn Designs.

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