Tristis eris si solus eris (serás triste si te encuentras solo). Esto fue lo que el poeta Ovidio contestó cuando, en cierta ocasión, le fue pedida su opinión acerca de cual era la mayor causa de tristeza que sufre el ser humano. Con esta breve reseña histórica comienza la editorial del miércoles pasado de un programa de radio que me suelo descargar cada día con la intención de escucharlo a la mañana siguiente, de camino al trabajo. Esas palabras de Ovidio hicieron que en mí despertara el amargo recuerdo de una sensación que tengo desde hace algunos años ya, sensación referente al retroceso que personalmente veo en nuestra sociedad, que a veces he tenido la oportunidad de trasladar a alguna que otra conversación, y que esa editorial no hizo más que confirmarme en ese momento.
El ser humano está solo. Quizás no físicamente, y a pesar de que cada vez hay más personas que viven solas, pero la realidad es que en no pocas ocasiones todos podríamos descubrir, si somos capaces de mirar en nuestro interior, que la vida nos lleva en multitud de ocasiones a un punto en el que únicamente nos encontramos nosotros frente a la realidad que nos presentan delante. Y muchas veces esa realidad nos agobia, porque hemos entrado de lleno en la catequesis que cada día recibimos sin darnos cuenta, de parte de la misma sociedad que intenta llevarnos por el camino de la búsqueda de nuestro bienestar.
Esa es la triste realidad en la que actualmente nos encontramos, gracias a la evolución que hemos venido experimentando en esta ya moderna sociedad de la que formamos parte tú y yo, querido lector, que disponemos de comodidades tales como la conexión a internet que a mí me permite escribir y publicar esto, y a ti leerlo. Una sociedad que afirma trabajar para el bienestar de las personas, pero que enfoca, en mi humilde opinión, ese bienestar en función de elementos que, finalmente, no dejan de ser un gran engaño para todos nosotros, y que hace que al final todo desemboque en un fin muy concreto: el dinero. Porque todo aquello que aparentemente nos asegura el bienestar cuesta dinero. Una sociedad que no deja de decirnos que lo importante somos nosotros mismos y nuestra comodidad, y no sólo eso, sino que además no debemos olvidar hacernos un buen colchón para nuestro futuro e incluso para nuestra jubilación. Y eso que nadie tiene la certeza de que vaya a llegar a “mañana”…
Una sociedad que nos insinúa que para ser feliz hay que obtener el bienestar a través de muchas cosas: una buena casa, un buen coche, irnos de vacaciones, y que nos podamos permitir nuestros buenos caprichos. Ahora podemos, por ejemplo, darnos tratamientos faciales con veneno de serpiente (es cierto, lo he visto en TV), o baños en chocolate (yo prefiero beberlo), que deben ser de lo mejor en cuanto a belleza, a tenor de lo que cuestan. Y para todas estas posibilidades que se nos ofrecen actualmente, es imprescindible tener una buena cuenta corriente que nos permita pagar eso, y todas las comodidades que nos podamos permitir, todo en virtud de ese propio bienestar. Y desde luego que nos hemos empleado en ello: hacemos horas extras en el trabajo, en ocasiones incluso todo el día, con el fin de ganar el tan ansiado dinero que nos permitirá seguir el ritmo que nos han impuesto, o que nos hemos impuesto nosotros mismos… Y todo ello, en no pocas ocasiones, incluso a pesar de nuestros propios hijos, que a menudo pasan día tras día sin poder disfrutar de alguno o de ambos progenitores, porque éstos no tienen tiempo suficiente para ellos, y cuando no están en el colegio, pasan el resto del tiempo, o bien con la niñera, o con los abuelos. Pero nos hemos convencido de que es algo necesario. Y cuando los hijos crecen, lo hacen en esta soledad, con una escala de valores en la que han visto de sus padres que lo importante son otras cosas antes que las propias personas, antes que ellos mismos.
Y en esta vorágine en la que nos vemos inmersos, se nos invita además a huir de todo aquello que amenace ese bienestar, y ya no sólo me refiero, por ejemplo, al sufrimiento, sino a todo aquello que nos produzca un atisbo de incomodidad, hasta tal punto que incluso en ocasiones, son nuestros propios progenitores, o los progenitores de éstos (los abuelos) los que llegan a incomodarnos. Pero no pasa nada, porque para eso hemos inventado las residencias, que son esos lugares donde nuestros mayores reciben todas las atenciones habidas y por haber, y donde se les trata “divinamente”. Eso sí, lejos de su familia. En definitiva, solos. Y por supuesto, todo lo que suene a muerte se elimina de un plumazo, porque lo importante es vivir sin perturbaciones, y no conviene mencionar todo aquello que pone de manifiesto nuestra realidad y fragilidad. De hecho, tenemos a las puertas el debate sobre la eutanasia, porque ahora no es digno que alguien tenga que vivir con una enfermedad que le tenga postrado o limitado, y a la familia de éste “esclavizada” en sus cuidados. Y para atajar y “dignificar” tal sufrimiento, viene la mencionada práctica.
Es la sociedad del individualismo, que nos invita a que, si en este momento no nos viene bien tener un hijo, la solución es abortar, puesto que ahora ya sabemos que la vida no es un derecho del ser que empieza a formarse en las entrañas de su madre, sino que ese derecho pertenece a la propia madre, y es ella la que puede decidir y disponer de la vida que lleva dentro, que por supuesto no le pertenece. Y no sólo eso, sino que además, si la niña ha cumplido ya los dieciséis, y el hecho de haberse quedado embarazada va a ser un problema en casa con los papás, ahora existe la posibilidad legal de que ellos no se enteren de que va a abortar. Y los que tenemos hijos, probablemente los apuntaremos a mil actividades extraescolares con el fin de que no se aburran y se mantengan ocupados, de paso nosotros tranquilos, y además, así se cansan bien para que no haya pegas a la hora de irse a la cama.
La sociedad que nos dice que “todo vale” en todos los ámbitos: laboral, familiar, afectivo, sexual… y que todo va en función de nuestras elecciones personales. No hay límites. Bueno sí, pero esos límites los pone la ley, que está por encima de lo lógico y natural. La moral apenas ya tiene valor, pues es algo más bien del pasado; demasiado tradicional y poco “progre”, como se dice ahora.
Tenemos también la posibilidad de acudir a una clínica estética para cambiar aquella parte de nuestro cuerpo que no nos satisfaga, porque estamos convencidos de que si no lo hacemos no nos van a querer, o nos van a querer menos. Ah, que resulta que nuestro motivo no es ese, sino encontrarnos bien con nosotros mismos… ¿Y qué es entonces esa satisfacción personal, sino la certeza de que vamos a ser queridos y/o aceptados más fácilmente y mejor?
Vamos corriendo, literalmente, a todos los sitios, y cuando no corremos, es nuestro interior el que está acelerado con tantas cosas que pensar y hacer, que muchas veces nos producen estrés e incluso depresión. En ocasiones oímos y decimos que “nos faltan horas en el día”. Las relaciones personales se reducen a su mínima expresión porque hoy día, internet y las redes sociales nos permiten comunicarnos con otras personas de forma remota, lo cual es ideal, dado el poco tiempo del que disponemos y el cansancio con el que llegamos a casa después de tanto trabajo.
Y como guinda, no sabemos qué es el amor. Nuestras relaciones personales están limitadas porque nuestra capacidad de amar es limitada. Así, sin duda no nos son ajenos esos casos en los que incluso miembros de una misma familia acaban sin hablarse, cuando no ocurre algo peor, por el dinero de una herencia; o que un hijo eche a sus padres de su propia casa, como habremos podido ver en las noticias estos días atrás. En los matrimonios todo tiene un límite, porque hay cosas por las que no pasamos, y cuando llegamos a ese tope de una forma u otra, no dudamos en mandar al otro a paseo, bien porque no aguantamos más la situación, bien porque nos hemos dado cuenta de que ni el otro es capaz de hacernos felices, ni nosotros de hacer feliz al otro. Y apenas nos llega a importar incluso que nuestros hijos sufran las consecuencias derivadas de la separación de sus padres, porque lo importante, claro, es nuestra propia vida y felicidad.
Todo va en función de nosotros mismos, de nuestro “yo”, en una actitud que sin saberlo nos aísla de todo y nos hace vivir aterrados, huyendo de todo aquello que nos puede quitar la vida. Y con “quitar la vida” me refiero a todo aquello que nos obliga a molestarnos por los demás, a salir de nuestra comodidad, de nuestro “yo”, para ofrecerle nuestro tiempo y recursos al prójimo. Alguna vez incluso habremos presenciado cómo alguien que necesitaba ayuda es totalmente ignorado por todos aquellos que pasan a su lado. Podemos llegar a ser muy tolerantes y solidarios con multitud de causas, mientras éstas no nos salpiquen directamente. Pero en cuanto alguna lo hace, ponemos el grito en el cielo y nos defendemos como un gato “panza arriba”. Y que nadie nos haga nada que nos moleste, porque tampoco nos importará ponerle “de vuelta y media” o criticarle delante o detrás de quien sea.
Y como lo sabemos todo, o casi todo, y nuestras ideas suelen ir por delante, porque hemos hecho de ellas nuestra filosofía de vida y les hemos atribuído incluso parte de nuestra personalidad, y dado que nuestro criterio suele ser uno de los más razonables, si no el que más, pues resulta que el tema de la religión es algo ya que raya lo absurdo. Eso de que hay un Dios allá arriba que nos ama tal y como somos, que todo lo perdona, que mandó a su Hijo, un tal Jesús, que dio su vida por nosotros en la cruz, y que resucitó para enseñarnos que “dar la vida” no es el final de todo, sino que es más importante darnos a los demás, y que encima nos espera con los brazos abiertos, es sólo un invento de los curas, que están forrados. Y no sólo eso, sino que además ahora sobra todo lo que recuerde a la religión, y hemos decidido que ya no tienen sentido los crucifijos en las escuelas. Es más importante erradicar esto que dedicar recursos, por ejemplo, a las familias.
Pero es lógico, porque incluso la figura de la familia está difusa, precisamente por todo lo que he descrito anteriormente. La entidad donde hace unos años las personas se formaban, educaban, maduraban, encontraban consuelo, adquirían su integridad y aprendían a amar, está a estas alturas quebrada, o al menos “tocada” por el progreso al que nos ha llevado nuestro hedonismo. Ahora la importancia la cobra el individuo. Lo hemos conseguido: vivimos en una sociedad individualista y moderna, que no quita la mira de ese bienestar tan mencionado al que caminamos todos juntos, pero no revueltos.
No es extraño que, quien un día sea capaz de parar esa inercia que llevamos, y en ese momento de paz pueda así escudriñar en su interior, caiga en la cuenta de que está triste porque realmente vivimos en esa soledad, en esa individualidad a la que hemos sido llevados no sólo porque constantemente se nos empuja a ello, sino además por nuestras propias actitudes y elecciones, con las que no en pocas ocasiones transigimos ante esos envites. Y entonces, si todo el entorno invita a que nuestra vida esté por encima de la de los demás, y lo importante es que podamos vivir bien, tapando de cualquier forma el sufrimiento que nos produce nuestra incapacidad para amar, en la realidad de ver que podemos ser amados únicamente hasta un límite, hasta cuando se canse el otro, o nosotros mismos, no es por tanto extraño que en esta tesitura nos encontremos en más de una ocasión en un estado de soledad y desesperanza que nos lleva a vivir en una tristeza sin sentido que a veces se torna insoportable para algunos. Pero desde luego que ni es esa la naturaleza del ser humano, ni es a esa actitud a la que estamos llamados. Y a pesar de la realidad que hoy día veo en estas palabras, aún no deja de sorprenderme la cifra de 3421 casos de suicidio durante el año 2008, lo cual deja un ratio de 9 personas que se han quitado la vida cada día durante ese año, convirtiéndose en la primera causa de muerte no natural en nuestro país, por delante de las causadas por los accidentes de tráfico. Por otra parte, la primera causa de mortalidad, natural o no, en España no es otra que el aborto, que supera los 100.000 (cien mil) casos anuales. Realmente algo debe estar fallando. Estas cifras de mortalidad no concuerdan con la imagen que se nos intenta ofrecer de esta sociedad, y no puedo pensar de ella otra cosa distinta de lo que dice el editorial que mencionaba al principio: que estos datos señalan a una sociedad en la que existe un altísimo número de personas que se encuentran solas, sumidas en la tristeza. Y aunque dicho editorial atribuye cierta responsabilidad a la religión mayoritaria de este país, afirmando que se ha visto incapaz de frenar este creciente desplome moral y sus secuelas de soledad, tristeza y muerte, no quiero quitarle la parte de razón que pueda existir en ello, aunque no puedo dejar de decir, como he mencionado al principio de este párrafo, que nadie nos podrá ayudar si nuestra elección pasa por ser autosuficientes y no aceptar dicha ayuda. Y esta afirmación no sólo la refiero al ámbito religioso.
Después de todo esto, me resulta curioso un programa de televisión que suelo ver los domingos por la noche, en el que varias familias acuden a vivir cada una a una tribu, con la intención de adquirir sus costumbres y después de 30 días conseguir ser admitidos como miembros de la misma. Y es admirable ver cómo un grupo de personas que habitan aisladas en partes del mundo difícilmente accesibles, y viviendo con la sencillez y la precariedad en la que viven (y comiendo las cosas que comen…), sean capaces de ser tan felices y disfrutar de la vida y de sus quehaceres diarios con tal diligencia y de tal forma, que incluso se permiten preocuparse porque sus “invitados” no están contentos, sino tristes. En su pobreza material son capaces de ofrecer (y ofrecen) sus mejores manjares, y no dudan en celebrar cualquier acontecimiento extraordinario, respetando sus tradiciones y costumbres, y teniendo en cuenta incluso a sus dioses, todo en absoluta sencillez. ¡Y están contentos!
Sin embargo nosotros, que lo tenemos todo, no terminamos de aprender a apreciar todo lo que existe a nuestra disposición. Lo que debería ser un medio, nosotros lo hemos convertido en un fin, y lo que es un fin, lo hemos mancillado y convertido en un simple medio. Y al asumir este desajuste hemos propiciado un desorden mucho mayor que nos empieza a pasar factura, siendo una de sus inevitables consecuencias la soledad y la tristeza que sufren tantas personas. Porque no nos equivoquemos, pues aunque me pese decirlo, podría decirse que esto no ha hecho más que empezar. Yo lo llamo involución. Bien sabe Dios que me gustaría no tener razón.
Más información:
Editorial miércoles 3 de marzo. Es la noche de César.
Demografía musulmana (Youtube).





LiOn Designs es la evolución de varios proyectos que finalmente han tomado forma en este humilde blog, donde, además de dar cabida a temas relacionados con la tecnología, el diseño o la fotografía, por ser temas que me apasionan, también se abre a cualquier tipo de anécdota o reflexión, como cualquier otro blog personal. La idea no es tanto "estar a la última", pues para eso hay otros sitios muy buenos en internet con esa misión. Simplemente ofrezco mis experiencias, opiniones y análisis personales, tratando de ser objetivo cuando el tema lo requiera. Espero que disfrutéis.





#1 by macaki on 8 marzo 2010 - 1:05
En primer lugar mi enhorabuena, el artículo está muy bien escrito y explicado. Has profundizado en un tema particular y personal, haciéndonos ver magníficamente cuales son los pensamientos y sentimientos que albergas con respecto a el tema concreto que has elegido “la soledad”, está bastante bien.
No obstante, tengo que decir que no creo que en general estemos tan “solos”, en algunos casos sí pero no me parece que sea algo normal… Pero esta claro que es una apreciación tuya personal, y como tal es muy respetable por supuesto, lo que nos has expuesto… Tampoco voy a profundizar en ningún tema en concreto del escrito, exponiendo mis ideas sobre ello, porque nunca lo hago en la Red. No suelo hablar de cuestiones tan profundas y particulares, y no porque no tenga criterio, tú en particular sabes que no es así, sencillamente por convencimiento propio, no va conmigo ni veo que sea el sitio más adecuado para hacerlo… Tampoco es que esté criticando lo contrario, en sí no me parece mal, cada uno puedo hacer lo que le parezca bien dentro de lo que está permitido para todos. En Internet, como decisión personal, todo mi “mundo” gira en torno a mis aficiones y gustos… la tecnología, las Artes plásticas y poco más…
En privado, si te apetece, podemos comentar todo lo que quieras sobre el tema
. Reitero mis felicitaciones por este primer artículo, tan bien desarrollado, de la nueva era de LD…
Saludos…
#2 by LiOnz on 8 marzo 2010 - 10:10
Hola macaki, gracias por tu comentario. No he profundizado en un tema particular y personal, ni he hablado de mis pensamientos. De éstos no he hecho sino dar un par de pinceladas.
De lo que he hablado es de una realidad social de la que da fe el número de muertes que comento en el artículo, que es la que podrás escuchar en el enlace a la editorial de César Vidal al que hago referencia, que es de donde he sacado los datos.
Más de cien mil abortos al año y 3.421 suicidios en 2008 dicen mucho del estado de una socidad, y no lo digo yo ni mi opinión ¿no te parece?
Hablamos en privado lo que quieras. Saludos.
#3 by macaki on 8 marzo 2010 - 12:00
Ok, tú dices que nos has hablado de tus pensamientos, y a mí me ha parecido que sí lo has hecho… Creo que has dado tu opinión sobre ellas, sobre lo que te dicen a ti en particular y has sacado algunas conclusiones, puede que sean las “pinceladas” a las que te refieres y es en lo que más me he fijado. Pero vamos, es lo mismo, tampoco tiene importancia, al menos yo no se la doy. Ya sabemos que todo es relativo, y depende del color del cristal como se mire, yo lo he visto así aunque puedo estar equivocada como todos, por supuesto…
Y precisamente, en la opinión que me merecen a mí las estadísticas que apuntas, temas serios, es en lo que no me meto, al igual que en algunos cuestiones más. Puede que me parezcan lo mismo que a ti, o lo mismo que ha quedado reflejado en el escrito si te parece mejor, o puede que no… En estos temas ya he dicho que no hablo ni ahondo en este foro que es Internet, ni lo pienso hacer, ya he dado explicaciones en el otro comentario… Sólo digo que no pienso en que estemos en general tan “solos”, como ya he dicho, por algunas cosas que has comentado en el escrito… Ahí lo dejo y no voy a hacer ningún comentario más en este artículo.
Saludos otra vez…
#4 by LiOnz on 8 marzo 2010 - 12:25
Recogida queda tu puntualización.
Como te he dicho, de mi opinión y pensamientos he dado ciertas pinceladas, que probablemente tú hayas acertado en recoger.
Y discrepo de ti en cuanto a que todo es relativo: pueden ser relativas muchas cosas, como las opiniones. Pero desde luego que también existen “conceptos” absolutos que rigen la vida, la naturaleza, etc… Relativizar eso es el mayor problema al que puede enfrentarse el ser humano. Hay veces que da igual el cristal por donde se mire, pues lo que es, es. Y no deja de ser así por mucho que intentemos mirarlo con otro cristal.
Como dices, estas pequeñas cifras de muertes son muy serias, y desde luego que obedecen a algo muy concreto que está ocurriendo en nuestra sociedad, y que no tiene que ver con mi opinión.
Otro saludo más (que no sea por saludos)